El descanso en la escuela

Hoy vamos a hablaros del descanso, el sueño o la siesta, llamémosle como queramos. El caso es que durante este curso muchas veces cuando hemos conocido a una familia ha salido el dichoso tema del sueño. Nos habéis contado diferentes situaciones, las cuales, muchas de ellas se resumían “en casa ya no duerme nadie”. Muchas encontráis dificultad en el descanso. Y es que, es la pescadilla que se muerde la cola, ya que cuanto menos duerme la persona adulta más cansada se siente y menos paciencia tiene. Así que por consecuencia, el momento de dormirse más complicado resulta.

Muchos nos preguntáis a ver cómo lo hacemos en la escuela, os preocupa, y la verdad es que desde afuera cuesta creer que logremos que todos duerman… Lo cierto es que no hay recetas mágicas, aunque sí que hay ingredientes que ayudan a conciliar el sueño porque al final todos acaban durmiendo.

Para nosotras el descanso es un momento súper importante, tan importante como jugar. Uno se siente bien cuando tiene las necesidades básicas satisfechas, porque cuando te sientes cansada estás irascible, irritada, agotada… Y a las criaturas les pasa lo mismo. Es por eso que ponemos gran atención en hacerlo de la mejor manera posible para que los txikis descansen y se sientan bien.

¿Cómo afrontamos este momento? Lo primero de todo es que sabemos que es cuestión de tiempo, que al inicio de la escuela pocas veces resulta que alguien se duerma y dure dos horas dormido, así que es un proceso donde la CONFIANZA va a ser el ingrediente mágico.

Si lo pensamos fríamente, a caso ¿Tú te dormirías en brazos de un desconocido? O si no te sientes tranquilo, estás nerviosa y alguien te obliga a dormir, ¿te dormirías?  Pues a las criaturas les pasa lo mismo. Sólo que a veces del puro agotamiento caen rendidas, pero se duermen en una tensión, en una alerta que hace que al menor ruido ya tengan los ojos abiertos.

 Así que conciliar el sueño va a ser algo paralelo a la creación del vínculo. Por lo tanto asumimos que es un proceso y confiamos en que poco a poco todo se vaya asentando. Normalmente al inicio las siestas son cortas y conforme pasa el tiempo van alargándose hasta durar alrededor de dos horas (dependiendo edad y ritmos).

Y otra cosa que para nosotras es fundamental es creer en la capacidad de la auto-regulación.  Por eso, otro de los ingrediente imprescindibles es EL TIEMPO. Siempre les ofrecemos el espacio y tiempo necesario para que cada cual encuentre su herramienta válida para relajar la mente y que el cuerpo entre en reposo hasta que se duermen. Aquí cada uno y una tiene un estilo particular, nunca nos dejan indiferentes, siempre nos sorprenden con lo que menos nos esperamos. Hay quienes en 4 minutos están respirando fuerte y hay quien se toma sus 20 minutos hasta que al final se relaja y se duerme.

A estas alturas del curso el sueño resulta profundo, están tranquilos y descansan. Es precioso ver a cada uno como afronta el hecho de dormirse, hay veces que mantenerte sin reír es casi misión imposible. Y es que entre esas cuatro paredes hay historias tiernas y divertidísimas, situaciones que luego cuando las contamos nos hacen reír. Es enternecedor ver como dos se cogen de la mano para dormirse, otro le pone el chupete a su muñeco, otra se resiste jugando sentada pero dando cabezadas u otro cuando todo está en silencio, se pone a ronronear bien alto porque es lo que le tranquiliza y le ayuda a dormirse… Parece mentira que en ese momento que tu le escuchas tu corazón casi se para porque el miedo te invade y en cambio el resto sigue durmiendo y ni se enteran…

Os dejamos con unas imágenes a modo de resumen de las siestas.

 

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